El Autor pasó su infancia jugando entre las ruinas de un antiguo monasterio cisterciense abandonado tras la Desamortización de Mendizábal sito en Aguilar de Campoo, donde las galletas. Cuando creció hubo de marchar a la capital de la provincia a estudiar el bachillerato y de ahí a Madrid, a casa de un familiar en la que no se encontraba demasiado a gusto. Trabajando y estudiando consiguió sacarse la carrera de arquitectura y merced a su habilidad con las caricaturas a hacerse un hueco entre los viñetistas de los diarios.
Nunca perdió sus orígenes y siempre se interesó por el monasterio abandonado y cuando tuvo oportunidad removió Roma con Santiago para obtener los permisos y los fondos necesarios para su restauración. Implicó a un sin fin de personajes, muchos conocidos, pero otros muchos anónimos, para conseguir que el monasterio haya sido un instituto, una escuela taller y una posada.
En realidad es una autobiografía que suena a despedida, en la que habla sobre la que seguramente haya sido la obra de su vida: devolver el lustre y esplendor a una de las joyas del Románico palentino y por extensión a toda la península.
VALE
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