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17 julio 2023

JUANA LA LOCA, LA CAUTIVA DE TORDESILLAS - MANUEL FENÁNDEZ ÁLVAREZ


Para rematar la figura de Juana I de Castilla he leído esta biografía escrita por el que pasa por ser el mejor conocedor de las figuras de aquella época.

Juana fue la tercera hija de los Reyes Católicos. Siendo una quinceañera la casaron con el archiduque de Austria, Felipe, que tenía su corte fijada en Bruselas. Nada más llegar surgió una chispa entre ellos, y  tanto les apretaba la lívido, que se hubo de buscar un cura que les casase a toda prisa para que pudieran consumar el matrimonio. Hasta aquí llego el compromiso de Felipe. Éste era también un adolescente caprichoso y picaflor que fue infiel sistemáticamente a Juana. 
Con la llegada de la archiduquesa a Bruselas se consumó su primera prisión. Apenas se la dejaba salir de sus habitaciones y las ausencias e infidelidades de su marido y la cicatería de la corte bruselense con el personal castellano, hicieron mella en el ánimo de Juana. 

A la muerte de sus dos hermanos mayores Juana fue nombrada princesa de Asturias, pero su marido se tomó con calma la venida a España para ser jurada como tal por las Cortes castellanas. La intención de Felipe era ser nombrado igualmente Príncipe de Asturias, pero no se pudo salir con la suya, así que aspado se volvió a Bruselas dejando a Juana, embarazada en Castilla. Juana intentó unirse con su marido pero su embarazo y los vientos contrarios lo impidieron. Esta situación dio lugar a que Juana y su madre, Isabel la Católica, tuvieran una dura discusión y su relación no se enderezase nunca más. 

Vuelta en Bruselas, su situación seguía siendo igual de mala, incluso llegó a agredir a una joven que en aquel momento era la concubina de su esposo. 

Cuando Isabel murió, Juana hubo de volver a Castilla. Felipe se frotaba las manos pensando que Castilla pasaría a ser uno de sus reinos. Finalmente consiguió que las Cortes también le aceptaran como rey pero a los pocos meses falleció de unas fiebres.

Desde entonces Juana deambuló por Castilla con el cadáver de su marido y en avanzado estado de gestación. Cuando su padre, Fernando el Católico, llegó a Castilla, se hizo cargo de la situación y encerró a Juana en Tordesillas, de donde no volvió a salir jamás. 

Aún tuvo un breve papel político cuando los Comuneros intentaron que se pusiera de su parte, pero ella, demostrando que no estaba tan loca como se decía, se negó a firmar cualquier papel que pusiera en peligro el reinado de su hijo Carlos.

Juana fue desdichada desde que se casó. Su locura parece, según los entendidos, una depresión mal diagnosticada y peor curada. En aquella época no había los adelantos psiquiátricos de nuestros tiempos y a los que sufrían desordenes mentales se les trataba como endemoniados. En aquella época los endemoniados y poseídos estaban a la orden del día. También la magia, tanto blanca, rezos y misas, como negra, brujas y conjuros, eran práctica habitual. Estas creencias también coadyuvaron a que Juana fuera percibida como un peligro que debía evitarse. 

En definitiva, Juana fue una víctima de su tiempo. Y su leyenda ha perdurado a lo largo de los años aunque pocos sean los que conozcan algo más de su vida, aparte de lo que la leyenda ha arrastrado. Yo por lo menos desconocía gran parte de su vida. 
  

 

JUANA, LA REINA TRAICIONADA - ÁLBER VÁZQUEZ


Siguiendo con el encabalgamiento de los siglos XV y XVI me centro en la figura de Juana la Loca. Es un personaje en el que hay más leyenda que historia, y eso lo analizaremos en el siguiente libro. En está entrada me centraré más en esta novela.

Juana, fue la tercera hija de los Reyes Católicos, y estaba destinada a ser la esposa del archiduque de Austria, Felipe, conocido como el Hermoso. Pero sus dos hermanos mayores fallecieron antes y Juana fue nombrada Princesa de Asturias. 
Su matrimonio fue desdichado por las continuas infidelidades y vejaciones de su marido. Además su vida en la corte flamenca fue más una prisión que otra cosa. Al fallecer Isabel I hubo de volver a Castilla para ser votada por la Cortes. Enseguida su marido y su padre, Fernando de Aragón, se repartieron el podre y arrinconaron a Juana.
A los pocos meses Felipe murió de una fiebres, y es entonces cuando empieza este libro.

Felipe murió de madrugada. Envenenado. El cardenal Cisneros llama a un cartujo de Miraflores para que investigue y descubra al asesino o asesina. Mientras el cartujo investiga, se va entretejiendo la vida conyugal de Juana, muchas veces contada por ella misma. 
Juana desea ser reconocida como reina, y quiere reinar, pero las Cortes y los nobles castellanos no lo permiten. Si estuviese casada de nuevo, quizás lo permitieran, pero Juana no quiere volver a casarse. Quiere ser independiente y para ello recurre a una artimaña: mientras controle el cuerpo de su esposo difunto, con la intención de llevarlo a enterrar a Granada, nadie querrá casarse con ella. 
Así comienza el deambular por Castilla con ese estrambótico cortejo fúnebre que terminaría por convertirse en leyenda. 
Enterado del fallecimiento de su yerno, Fernando, a la sazón recién casado con la adolescente Germana de Foix, vuelve sin prisas de Nápoles, donde el Gran Capitán le había anexionado aquel reino. Juana se reúne con su padre y tras tiras y aflojas, se decide que Juana se retire a Tordesillas, mientras su padre se hace cargo de la regencia, mientras Carlos, el hijo de Juana residente en Bruselas alcanza la mayoría de edad.

En este libro Juana es plenamente consciente de su papel. Está cuerda si bien tiene algunos ramalazos que a ponen al borde de la locura. Quiere gobernar, pero no la dejan, y todo el mundo conspira para que no pueda hacerlo. Cansada de tantos tejemanejes, finalmente, decide dejarse llevar y aceptar su futuro.
Esta es pues la interpretación del Autor.