Tevanne es una ciudad sin ley. En ella conviven cuatro grandes corporaciones comerciales que viven encerradas dentro de sus propios muros sin apenas contacto con el exterior. Pero entre los muros viven una multitud de gentes excluidas del progreso y la riqueza de los mercaderes. Nuestra protagonista, Sancia es una chica que vive al margen de toda ley. Se dedica a robar aquí y allá y se aprovecha de unos dones muy especiales: puede leer las cosas y los objetos. Si posa su mano sobre una mesa, ésta le contará lo que han comido sobre ella, quién la construyó y de que madera está hecha. Esto a Sancia le da muchas ventajas en su profesión.
Hace muchos muchos años existieron unos personajes llamados hierofantes. Eran tan listos que consiguieron modificar la realidad a su antojo mediante la inscripción en los objetos de inscripciones especiales llamadas sigilos. Sancia también puede verlos.
En su último trabajo, Sancia roba una caja y escapa con ella, pero no ha sido un trabajo limpio y movida por la curiosidad abre la caja y se encuentra con una llave que de repente se pone a hablar con ella. Clef, que así se llama la llave, abre cualquier tipo de puerta por muy complicada que esta sea.
Pues resulta que a Clef la busca la mitad de los mercaderes con propósitos muy oscuros y Sancia se ve en un montón de peripecias que la hará hacer extraños compañeros de correrías.
La verdad es que no me ha gustado demasiado. No ha terminado de engancharme del todo y aunque me estoy leyendo la segunda parte no creo que termine la trilogía.